SEGUNDO PREMIO. PRIMER CICLO DE SECUNDARIA. IES HERRERA

TECNOLOGÍA Y MISTERIOS

Carlos estaba tendido en su cama, con la luz de la lámpara de mesa encendida; esperándome. Entré a la habitación suavemente iluminada y dije:
-Hola, campeón. Te he traído el relato de esta semana. Es de un tal Ocaso, del concurso Platero.-Yo trabajo en un instituto de otro pueblo, en Huelva. Mi hijo Carlos tiene 10 años y le encantan los relatos de misterio, y adivinar quién es el culpable del asesinato.- Comencemos.
Todo consistía en hacer un trabajo para la clase de Tecnología. Algo que ayudara cotidianamente: al amo/a de casa. Nosotros elegimos a un pela-patatas.
Mis amigos (Ángela y Juan) y yo pasamos toda la tarde encerrados en mi cuarto: elaborando planos, buscando piezas y construyendo un pela-patatas. El único inconveniente fue no encontrar mi destornillador de estrella, así que lo dejamos para que yo lo apretara.
Había que entregar el trabajo en la biblioteca del Instituto, ya que permanecería abierta (eran tiempos de recuperaciones). Yo lo llevé a las diez y media, después de comer. Me desperté a las siete de la mañana, tirado en el suelo y con una herida en el pie. “Maldito sonambulismo”, pensé.
Aquí acaba el planteamiento- dije con tono bajo y expectante, esperando una respuesta. Solo contestó con un “Continúa”.
Han asesinado al profesor.
Datos:
-Su vida personal no era muy buena.
-El arma del crimen es NUESTRO pela-patatas.
– Lo hizo alguien sin intención.
-Aquí acaba. Por detrás pone el asesino. ¿En quién piensas?- Le pregunté, interesado.
-Es Ángela- dijo con un semblante serio.

Como espero que ya sepas, el asesino es el mismísimo Nacho Olivares, mi narrador y protagonista. En el libro se manifiesta que es sonámbulo, que se hizo una herida en el pie (porque cuando iba sonámbulo, iba descalzo) y que los tornillos del pela-patatas estuvieron siempre sueltos, nunca nadie los apretó. No penséis que Nacho es un asesino; tropezó (razón por la que se hizo la herida) y como iba jugueteando con las cuchillas (costumbre típica en él) se cayó encima de Ventura y le clavó las cuchillas por acto reflejo, que fue a parar al corazón del pobre Ventura.
-Otra vez será, Carlos- le contesté, y le arropé y besé en la cama. Me fui a dormir.

Ocaso.

Álvaro Cabello Gálvez (1º ESO D)

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