Día contra la violencia hacia las mujeres 2017/2018

Para conmemorar el Día contra la violencia hacia las mujeres, 25 de noviembre, la biblioteca del centro ha planteado tres actividades:

  • La difusión en murales y en dípticos de la vida y obra de las mujeres artistas de la Generación del 27: María Zambrano, Josefina de la Torre, Maruja Mallo, Remedios Varo, Concha Méndez, María Teresa León, Rosa Chacel…

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Día Internacional del Flamenco 2017/2018

La biblioteca también aportó su granito de arena a la celebración del Día del Flamenco, 16 de noviembre, con la elaboración de un panel de biografías de artistas flamencas por parte de alumnos de 2º Bachillerato y también con la proyección de la película documental “Flamenco” de Carlos Saura.

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V Concurso de Cartas de Amor y Relato Corto IES Herrera 2016/2017

Dejamos constancia aquí de los excelentes textos escritos por las alumnas ganadoras  de los concursos de escritura del curso 2016-17:

GANADORA PRIMER PREMIO PRIMER CICLO. CONCURSO RELATO CORTO IES HERRERA.

ESPERANDO EL CORREO

 

 

 

Mi yaya siempre me dice: ”Espera un momento, ¿es que no sabes esperar?”. No entiendo por qué debo esperar, ¡si no hace falta esperar! Tengo 12 años, mi yaya 80 y no comprendo cómo ha podido llegar a esa edad sin saber manejar Internet y….. ¡sin móvil!

 

Cuando estamos juntas suele regañarme: “¡Ponte derecha, por Dios esa espalda!”, “¿Pero de qué vas vestida?, ¿te ha visto tu madre?”, “¡No te comas las uñas que eres una señorita!”. Pero también suele contarme historias de su vida y de las personas que las vivieron con ella. Yo le cuento qué ha ocurrido hoy en clase, quién de mis amigas se ha enfadado y con quién, si hemos quedado para salir el sábado o si alguien se ha metido en algún lío. Nos reímos y seguimos parloteando toda la tarde.

 

Ayer estábamos hablando como siempre y se me ocurrió volver a preguntarle cómo conoció a mi yayo. Al principio no quería hablar mucho de ello, repetía lo que ya me había contado otras veces: que eran muy jóvenes, que él la piropeaba, que ella no estaba muy interesada, que él era muy persistente y que ella, no sabe cuándo ni cómo, dijo que sí. Yo insistí, insistí y volví a insistir: “¡Pero yaya cuéntame más! ¿Qué hacíais? ¿De qué hablabais?”. Entonces comenzó diciendo: “Tu yayo escribía largas cartas con una letra preciosa”.

 

“¿Cartas?”, pregunté. “Si, muchas cartas, aunque a mí siempre me parecieron pocas”, me contestó. En ese momento mi móvil comenzó a sonar, era mi whatsapp: mi amiga Celia estaba merendando.

 

“¿Qué escribía en las cartas?”, volví a preguntar. “Bueno, me contaba dónde estaba, a quién había conocido, cómo eran esos paisajes y esas personas, y cómo se sentía”. De nuevo me entró otro whatsapp: mi amigo Miguel estaba viendo la tele.

 

“Cuéntame algo de lo que te escribió en esas cartas”, le pedí. Ella se quedó un rato pensando y dijo: “Me gustaba cuando me describía todo lo que veía, oía o comía, así yo era capaz de saber cómo se sentía”. Un nuevo whatsapp: Celia había terminado de merendar.

 

“Yo no he viajado nunca”, siguió diciendo, “Sin embargo es como si hubiese estado allí con él, tu yayo escribía muy bien y con una letra preciosa, ¿te lo he dicho ya?”. “Si yaya, pero sigue contándome”. Otro whatsapp: ahora Celia estaba también viendo la tele.

 

Mi yaya me contaba que el correo tardaba mucho en llegar, y a veces ni llegaba. Pero ella esperaba siempre al cartero con gran ilusión, y él le sonreía desde lejos cuando le traía una nueva carta. “Las cartas de tu yayo eran largas y con una letra preciosa”, volvió a repetir. “Ya lo sé me lo has dicho. Pero, ¿no había que esperar mucho para que te llegaran? ¡Qué rollo!”, le contesté. ¡Vaya otro whatsapp!: Miguel está merendando.

 

Entonces desconecté el whatsapp. Mi yaya me acarició la cara y sonriendo me dijo: “Lo mejor era estar esperando el correo”.

Eugenia Moreno Lamadrid. 1º ESO A.

GANADOR 2º PREMIO PRIMER CICLO. CONCURSO RELATO CORTO IES HERRERA.

EL TRADUCTOR

Ramón miró al reloj cuadrado que había en la pared. Diez minutos. Diez minutos quedaban para que acabara su nefasta jornada de trabajo y tomara sus vacaciones de Semana Santa, pensaba el iluso Ramón. La habitación estaba en silencio; todo pulcramente colocado con precisión. La verdad es que él no odiaba demasiado su trabajo, era simplemente traducir libros al castellano, algo fácil para él, ya que llevaba una vida aprendiendo idiomas.

De repente, se abrió la puerta, dejando pasar a su despreciada secretaria, que por poco no se tropieza con una simple alfombra.

– Señor, un nuevo escrito que traducir -susurró dejándolo en el escritorio. Ramón nunca entendió por qué esta mujer habla siempre tan bajo.

– ¿Ahora? Pero si ya casi es la hora de irse a casa -le contestó nuestro protagonista en tono impertinente.

– Sí, y me han dicho que es urgente -dijo esta vez en tono más alto.

– Supongo que tendré que trabajar en vacaciones. Váyase, gracias.

Empezó a hojear los folios, contando las páginas. Eran unas ciento cincuenta, parecía una biografía. Pero no sabía de quién se podría tratar.

Cuando llegó a casa, se recostó en su preciado sofá de cuero, y comenzó a leerlo, con una fascinación sobrehumana, ya que desde el principio la biografía describía con detalle su propia vida, pero en alemán. Y no solo describía el pasado, sino el presente y también el futuro. Leyó bastante hasta llegar al futuro, donde tomó aire con fuerza. Continuó leyendo, mientras su cara iba transformándose en blanquecina. En el final del futuro rezaba esto:

El futuro de Ramón Lara será nefasto. No se casará, y aún menos tendrá hijos, lo que hará que entre en depresión. Y un día, volviendo del trabajo, tendrá un severo accidente de tráfico, muriendo bastante joven. Morirá solo, será enterrado solo, y su nombre nunca será recordado por ninguna persona; será como si nunca hubiera existido.

Cuando hubo acabado de leer el maldito escrito, tenía la cara blanca y las piernas le temblaban. Empezó a reflexionar sobre cómo llevaba su vida, cómo odiaba  a la gente y, en especial, a su secretaria.

Quizás sea un poco antipático, pensaba Ramón durante todas sus vacaciones, dándole vueltas a su comportamiento, mientras su orgullo iba cayendo poco a poco, haciéndole dudar más y más. Pero la reflexión de Ramón tuvo su cumbre en la cena de conmemoración del cuarto best-seller de la editorial, que era una tradición en la que todos los empleados acostumbraban a ir a comer a un restaurante en un día de Semana Santa, previamente definido. Bueno, pues en esta particular noche, nuestro protagonista acostumbraba a quedarse en su cómoda y moderna casa, no dando ni excusa por la que no ir a la cena.

Pero esta vez, esa noche Ramón se engalanó con traje, chaqueta, corbata y mocasines, y se presentó a las diez en el Restaurante Natière. Lo pasó como nunca: riendo, comiendo, y compartiendo mesa con sus compañeros. Resultaba que al final no eran tan odiosos como él creía. A partir de esta cena, Ramón repitió todas las cenas de todos los best seller y vacaciones.

Y después de todo, nuestro querido Ramón cambió. Y para bien. Ese apocalíptico libro le cambió la vida, literalmente.

Álvaro Cabello Gálvez, 2º ESO B.

GANADORA PRIMER PREMIO SEGUNDO CICLO. CONCURSO RELATO CORTO IES HERRERA.

VUELO DE BRUJAS

Existe cierto cuadro pintado por Rembrandt, llamado “Tormenta en el mar de Galilea”. Un cuadro en el que el mismísimo Rembrandt aparece pintado. Pero no lo puedes ver. No lo puedes ver porque lo robaron. Antes cualquiera podía robar un cuadro y no le hacían falta armas siquiera. Sólo había que entrar por la puerta con decisión, cogerlo y salir pitando de allí. Aunque también hacía falta tener un par de narices.

Pero las cosas se van modernizando y ahora todo se complica. Tenemos detectores de metales, cámaras, paredes de metacrilato, e incluso cuando se realizan subastas puede contratarse a un grupo de ex mercenarios rusos por si la cosa se pone fea.  Pero al igual que los museos se modernizan, los ladrones también lo hacen. Y lo sé porque yo soy un ladrón. Un ladrón de obras de arte.

El problema no es ser ladrón, sino que alguien esté dispuesto a pagarte para que robes. Y es lo que me pasó a mí. Debía dinero. Mucho dinero. Digamos que por un problema de adicción al juego empecé a deberle dinero a muchas personas y de muchas maneras. Así que cuando me buscaron para hacer un trabajo por veinte de los grandes, me levanté y dije ¿a dónde hay que ir?

Me llamo James. James Newton.  Y mi problema no es sólo ser ladrón, sino que también he robado un cuadro; y ha sido el robo perfecto, ¿y te imaginas por qué? Pues yo mismo te lo diré. He robado un cuadro. Un cuadro que no recuerdo dónde está, literalmente. Podría decirse perfectamente que lo he perdido, pero ¿qué ladrón puede perder lo que ha robado? La cosa es que me golpeé la cabeza y ya está. Cuando desperté en el hospital intenté recordar, y nada.

Los que me contrataron, nada más enterarse y yo salir del hospital fueron a por mí. Me torturaron arañándome los dedos con una navaja, acusándome de ser un codicioso y afirmando que la amnesia no existe. Bien, pues te aseguro que existe. Y es totalmente real. Así que como no podían matarme, por lo menos no hasta recuperar el cuadro, consultaron al médico y me hicieron elegir una hipnoterapeuta. Para ayudarme a recordar.

Nunca antes me habían hipnotizado antes de la primera sesión. Y la verdad es que se lo puse bien difícil a la doctora porque no podía contarle que había robado un cuadro. Así que le conté que había perdido las llaves del coche y además le di un nombre falso. Pero aquella mujer me sacó mi verdadero nombre en treinta segundos, y casi me hizo revelar lo del cuadro si no hubiese sido porque mis clientes me vigilaban con escuchas y me despertaron. Creo que la hipnoterapeuta sospechó de aquello, lo que le hizo investigar y acabar averiguándolo. De modo que en la siguiente sesión se fue a hablar con mis clientes diciendo que nos ayudaría si se llevaba una pequeña parte. Claro está que con los veinte millones que valía el cuadro, los clientes aceptaron.

En la segunda sesión de hipnosis me hizo recordar qué fue lo que pasó, pero no donde estaba el cuadro.

‘Salía del museo, ya con el golpe que me había dado un guardia en la cabeza, y por la calle, mientras miraba un mensaje un coche casi me mata. Un coche rojo. Ahí todavía tenía el cuadro conmigo. Había cortado el lienzo con una cuchilla y me lo había escondido en la chaqueta. La chaqueta del armario’.

De eso me acordaba .Pero cuando fuimos a buscar al armario no estaba allí.

La siguiente sesión fue más intensa. Me hizo recordar aún más.

‘Me llamo James Newton. Soy ladrón. He robado un cuadro. Un cuadro que se llama “Vuelo de Brujas”. Cuando lo robé me golpeé la cabeza. Un coche rojo me atropelló. La chica salió a buscarme y me metió en su coche. Me recordaba a mi ex novia. Sarah. La chica por la que tanto había sufrido. La que me hizo prometer que alguna vez robaría un cuadro. Un cuadro para ella. Me dormí. Y al despertar estaba en el hospital.’

Ya está. Eso es todo lo que me pudieron sacar. El caso es que ya me acuerdo. Y lo recuerdo todo. Ya sé dónde está el cuadro. Recuerdo justamente el sitio donde lo dejé. Aunque la verdad es que no se si quiero recordar u olvidar después de todo lo que he pasado y tampoco sé si quiero ir a por él.

Y tú, ¿prefieres olvidar, o prefieres recordar?

María Muñoz Borrego (3º ESO B)

GANADORA 2º PREMIO DEL SEGUNDO CICLO. CONCURSO RELATO CORTO IES HERRERA

I

Todo comenzó aquella mañana con aquel corte en el suministro eléctrico, que dejó parada toda la cadena de montaje de las cánulas.

Las máquinas quedaron en silencio y los auriculares que llevábamos puestos, quedaron callados, eso me permitió oír unos ruidos diferentes a los que oíamos habitualmente. Mi sentido auditivo, percibió gente andando en la planta de arriba de donde nos encontrábamos. Todos creíamos que en  ese lugar sólo estaba el despacho de El Espurr, al que todos acudíamos cuando nos llamaba o cuando teníamos problemas.

Trabajábamos en esa planta de fabricación de cánulas muchas personas, la vista no alcanzaba a ver el fin. La lavandería y la cocina estaban al final. En el otro ala, estaban los dormitorios y los baños, también había un patio o zona de recreo. Allí salíamos a pasear en un lado los hombres y en el otro las mujeres.

Todas las paredes eran blancas y brillantes.

Nuestra ropa era blanca y todos vestíamos igual. Comíamos a la misma hora y el menú era el mismo para toda la semana. Todas las actividades eran realizadas a la misma hora todos los días y por todos.

No podíamos hablar entre nosotros y mucho menos con el sexo contrario. Sólo nos apareábamos ciertos días y con quién nos decían.

Veíamos la tele antes y después de la cena, por ella aprendíamos lo necesario para realizar nuestra tarea. La única novedad era el viernes, antes de cenar había un sorteo donde 5 personas salían elegidas para viajar a un planeta donde no había contaminación nuclear y podíamos vivir, o eso decían.

II

Toda esta sociedad comenzó, según los documentales, por una explosión nuclear. Las personas que sobrevivieron a ellas crearon esta especie de ¨Ecosistema humano¨ donde vivíamos aislados de las radiaciones nucleares. Nadie podía salir, no había ventanas que nos comunicaran con el exterior, no veíamos ni el Sol, ni las estrellas, ni la Luna.

Con las nuevas tecnologías, fabricábamos lo que necesitábamos. Cada sección tenía una especialidad. Éramos entrenados para estar allí, y allí moriríamos. Sólo el sorteo abría una luz en nuestras vidas monótonas, y una esperanza de salir de allí.

III

El principio de mi vida o lo que recordaba de ella, eran unas imágenes y unos sonidos, por ellas aprendíamos a hablar, escribir y leer, aprendíamos las normas de esta comunidad y a respetarlas. No podíamos tener pensamientos libres (bueno esto lo deduje mucho después).

Una vez que aprendíamos lo que he dicho, nos ponían una pulsera con nuestro nombre y con los años que teníamos. Nos llevaban a una habitación. Allí sólo sentíamos una pequeña aguja… Cuando despertábamos teníamos una pequeña cicatriz debajo de la pulsera.

Mi pulsera decía que me llamaba Kaz, que tenía 30 años, que estaba destinado a la sección de cánulas y que mi compañero era Roy. No conocía las superficies del recinto, ni las personas que nos hallábamos dentro de él.

Cuando pensábamos algo que no estaba permitido, Espurr nos hacía llamar mediante unas señales nerviosas, que nos encaminaban a una silla, situada en la planta de arriba…

De allí salíamos más felices y con una nueva cicatriz debajo de la pulsera identificativa.

 

 

IV

No sé por qué se producían tantos cortocircuitos, uno de ellos me cogió en la silla de Espurr, esto hizo que la anestesia no fuera tan efectiva y que viera todo lo que me hacían. Cuando salí de la habitación, fui al cuarto de baño y me deshice del microchips que habían introducido en mi muñeca.

Esto me daría un margen para conocer el sitio donde estaba y para aprender a pensar por mí mismo sin que nadie escuchara mis ideas e inquietudes.

Mi mente se abrió, las paredes ya no parecían tan blancas, las pocas palabras que cruzaba con mi compañero (al que antes veía interesante), se convirtieron en momentos aburridos, no se preguntaba nada, sólo pensaba en el sorteo del viernes. Por cierto: eso del sorteo, del planeta, de la contaminación… me daba cada vez más que pensar.

Me di cuenta de que siempre hacíamos lo mismo, todo era impersonal y frío. Todos estos pensamientos eran nuevos para mí. No dormía bien, mi habitación me resultaba insoportable. Una noche me aventuré a salir de ella, llegué hasta el final del pasillo, todo estaba en silencio, sólo se escuchaba ruido en la planta de arriba. Volví hacia mi habitación, me metí en la cama, pero no podía dormir, mi mente estaba trazando un plan. Debía tener cuidado y por supuesto, no podía dejar pistas ni contar nada a nadie.

V

Después  de un mes logré subir a la planta de arriba, nadie sospechaba nada. Tenía miedo, pero mi ansia de descubrir me impulsaba. Había una habitación cerrada y en frente, el despacho de Espurr, su puerta estaba entreabierta. Pude ver a un hombre desconocido hablando con él, la habitación estaba oscura, me escondí y comencé a escuchar su bajo tono de voz:

-Mañana viene- dijo el desconocido.

-Ha hecho el ingreso- contestó Espurr.

-¡Sí!

-¿Se le ha avisado del riesgo?

-Por supuesto, y ha firmado toda la documentación.

-¿Quiere un trasplante o una réplica suya?

-No sé, eso ya te lo dejo a ti.

-Necesitamos el generador, el que tenemos está fallando. ¡No podemos perder el control!

-¿Cómo va la sección embrionaria?

-Marchando.

-Y el sorteo, ¿está preparado? Necesitamos a los 5 elegidos.

-Todo está listo.

Mi cabeza daba vueltas, estaba desconcertado y abrumado. Seguí escondido y me desmayé, cuando desperté, la puerta que estaba cerrada, apareció abierta, el desconocido estaba manipulando una especie de artefacto y entrando y saliendo todo el rato. Estaban guardando información en el ordenador central, y de pronto, vi cómo salían seres vestidos de una manera rara, árboles, coches y lugares desconocidos para mí.

-Este es el primero, quiere un trasplante de hígado, ¡se ha pasado con la bebida!

Fueron diciendo uno a uno hasta llegar a otroque tenía la misma cara que Roy. No lo podía creer, no esperé al siguiente y mi cuerpo no paraba de temblar, en el regreso a mi habitación tropecé en varias ocasiones.

 

VI

Allí estaba, sentado en la cama a oscuras con los indicios de una gran verdad, que pesaba sobre mis espaldas y me daba un aspecto de preocupación. Tenía que disimular, esto no era nada bueno.

¿Qué podía hacer? ¿Qué pasaría con Ray? ¿Quién era esa especie de doble?

Mis pensamientos se vieron sobrecogidos cuando sonó la sirena de la mañana, era la llamada al cuarto de baño y al cambio de ropa. El paseo era aburrido y largo, íbamos escuchando el mensaje en el que Espurr comunicaba el inicio de un nuevo día, y que quedaba un día para el sorteo y…

Todos iban con cara de sueño, pero eran felices, mi cara de preocupación sobresalía sobre las demás.

A eso de media mañana una señal nerviosa llegó a mi cerebro, era Espurr, me reclamaba en su despacho. Antes de acudir a mi cita, intenté contarle a mi compañero todo lo sucedido, era como hablar con la pared, sólo pensaba en el sorteo.

Ascendí a la segunda planta y entré en el despacho, él estaba allí. La cara siniestra y calculadora de la noche anterior había desaparecido, no sospechaba nada, pensé.

-¡Buenos días, Espurr!

-Siéntate, últimamente estamos percibiendo que tus ondas Omega del cerebro tienen unos picos bastante raros, esto nos hace pensar que necesitas de nuevo otra pequeña incisión bajo tu pulsera.

-Me encuentro bien.

-Pero podrías estar mejor, ¿para qué quieres preocupaciones? En las sociedades perfectas como esta, todos somos felices.

Callé y recordé lo que había oído la noche anterior

-Siéntate en la silla, por favor.

Me senté, me amarró… Cuando iba a introducir el microchip, hubo otro cortocircuito y el generador empezó a fallar…

 

REFLEXIÓN:

Esta historia puede tener dos finales:

Uno feliz donde Kaz escapa y afronta su destino, aprendiendo poco a poco y con esfuerzo a vivir en nuestra sociedad imperfecta y llena de problemas y fallos, donde oír las noticias diarias supone la caída de una losa sobre nuestro cuerpo, pero tiene como premio el libre pensamiento y elección de las decisiones. Si elige este camino tal vez  puede encontrar a su doble y de propia voluntad cederle el órgano que necesite para seguir viviendo, conocerse, y poder llegar a ser amigos, e incluso como hermanos.

Uno esperado, el cómodo, el que sigue la inercia que nos lleva a seguir haciendo lo que ellos intentan que hagamos.

Nuestros pasillos están llenos de ropa distinta, podemos hablar y pensar por nuestra cuenta, pero si indagamos más de lo permitido en algunos asuntos, nos reconducen y nos manipulan, hasta llegar a un destino donde nos imponen formas de comportamiento.

Esta medio historia es una especie de metáfora de nuestra sociedad y con ella he querido hacer un canto a la LIBERTAD Y AL ESFUERZO QUE ELLA SUPONE.

Soledad Rodríguez Raya (3º ESO A)