PRIMER PREMIO. PRIMER CICLO DE SECUNDARIA. IES HERRERA

“Niña de 15 años se suicida¨. El miércoles 17 de Abril de 2013 todos los telediarios y periódicos daban esta noticia. Coincidió que la profesora de lengua me mandó escribir un relato breve, y se me ocurrió hacerlo sobre este tema de actualidad.
Sirva para decirles a todos aquellos adolescentes y a mí misma que a veces los problemas son gigantes en la soledad y diminutos si los compartimos. Esta es la historia de un chico o una chica que decidió contarlo.
I
Por fin llegué a aquella curva en la que me encontraba tan a gusto, bajé de la bicicleta, me aparté de la carretera y me senté debajo de aquel viejo árbol, como hacía siempre que los problemas se me amontonaban. El sol se estaba ocultando, el cielo tenía unos colores difíciles de definir. Siempre que iba a aquel lugar salía con mis ideas ordenadas y sabiendo que tenía que hacer, esta vez los problemas eran más grandes y graves.
Me levanté y me acerqué al precipicio, un pequeño movimiento y me libraría de todo, en un segundo todo acabaría. Di un paso para adelante y mi pie quedó en el aire, En mi interior algo o alguien, me decía que tenía que ir para atrás.
Contemplé el sol ocultándose. Mi pensamiento se perdía tras el horizonte como el sol.
En casa me estarían esperando –me dije-, esta mañana salí con un portazo. Mis padres, que decir de ellos, no eran malos, pero hacía tiempo que habían tirado la toalla conmigo.
Ya era de noche, monté en la bici.
Cuando llegué a mi casa mi padre no había llegado del trabajo, mi madre estaba preparando la cena.
Me llamó para preguntarme como me había ido el día, yo casi no contesté, me fui para mi cuarto y me tumbé en la cama.
II
Mirando el techo me adormilé y los fantasmas de la tarde se convirtieron en gigantes.
No sé cuánto tiempo pasé.
¿Cómo conseguir lo que necesitaba? ¿Cómo quitármelos de encima?
III
La cena fue silenciosa, cada uno miraba su plato y de fondo el ruido de la televisión.
Cuando terminamos mi padre se marchó a su sillón, yo me levanté y me fui a mi cuarto. Mi
Madre se quedó sentada observando como subía esas amplias escaleras. Se sentía sola, seguro, pero ella se lo había buscado por meterse en mis asuntos.

IV
Al día siguiente en clase, mis ¨compañeros¨ estaban callados a la pregunta del profesor de lengua. (Era majo y atento, pensé) Por un momento Pasó por mi mente contarle mi problema, que era más grande cada minuto que pasaba.
La clase terminó y salimos al recreo. Mis amigos del colegio ahora me miraban como un bicho raro. Mi amigo del alma, ese con él que compartí los llantos en la guardería, me saludaba muy esporádicamente. Pasamos muchos momentos juntos, compartimos juegos, paseos, cumpleaños… ¿Lo recordará? (me pregunté) -.-
De repente me abordaron por la espalda:
-¿Qué pasa tío, tienes lo nuestro?
Otro me enseñó una navaja mientras decía:
-Con nosotros no se juega chaval, te queda hasta el domingo.
-Sabemos dónde vives.
El resto de las clases las pasé pensando: tengo que contárselo a alguien, ¿pero a quién?
V
De nuevo de noche. Un día menos. En casa todo fue como el día anterior, no sé si me notarían algo pero ellos actuaban como el día anterior: el sillón de mi padre…
VI
Aquella noche le ayudé a mi madre a quitar la mesa.
¨Mamᨠdije, ella me miró y contestó:
-¿Qué quieres hijo mío?
-Estaba buena la cena, dije.
-Gracias hijo, ¿cómo te fue el instituto?
-Mal
-¿Por qué?
Sus ojos me iluminaron, su rostro tranquilo me decía que podía confiar en ella. Se sonrió:
-Venga no habrá sido tan malo. Todo tiene solución.
Los platos sonaban mientras hablábamos, sus gestos me daban confianza, esta vez no me forzó. Todo iba despacio, era yo el que hablaba.
Hablaba, contaba y lloraba, ella me escuchaba. Le conté todo, nada se me quedó dentro, me sentí aliviado, ella jamás perdió la calma.
Cuando terminé me cogió de las manos y mientras las apretaba me decía:
-Mañana lo solucionamos. Gracias por contármelo hijo.
Me sentí aliviado era como si las palabras de confianza de mi madre me hubieran librado de la gran carga que llevaba soportando desde hacía tanto tiempo que ya ni me acordaba. Mi espalda dejó de estar encorvada, mis ojos se iluminaron. Mañana iremos los dos al instituto y lo solucionaremos de la mejor forma posible. Mañana será otro día y…
Así fue como al cabo de los años me he hecho ¨escuchador¨, porque a veces, casi siempre tener una persona que escucha es encontrar una solución, y la solución a veces está detrás de unos libros, o de unos platos. Siempre la tenemos a nuestro alcance no tenemos que irnos muy lejos para encontrarla.

Soledad Rodríguez Raya. 2º ESO A

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