PRIMER PREMIO. SEGUNDO CICLO DE SECUNDARIA. IES HERRERA

Londres siempre había sido un sitio ajetreado, comercios, hoteles, turistas y demás era lo que sacaba de sus casillas a Luna y también la razón por la que no había vendido la casa que sus padres le dejaron a las afueras (muy, muy a las afueras) de la ciudad.
No era ni grande, ni lujosa, pero tenía una valla rosa y un pequeño huerto que encantaba a Luna.
Además, allí, en medio de la nada y rodeada de naturaleza, lo único capaz de molestarla era el canto de algún pájaro.

A las diez y media de la mañana, justo después de su té, emprendió el camino a la ciudad en su pequeño coche.
Primero fue a su clase de francés en la universidad, una hora más tarde, se volvió a montar en el coche, nerviosa a más no poder. Sus pulsaciones eran incontrolables y las manos le sudaban. ¿Era tan malo ir al psicólogo? A ella le hubiera gustado pensar que no, que era algo normal, pero nada estaba siendo normal últimamente.
Se limpió las manos en los pantalones y condujo hasta la dirección que apuntó en un papel.
Diez minutos después, allí estaba, probablemente le diagnosticaría algún desorden mental o algo así. Lo cual no deseaba para nada.
Decidida, bajó del coche y entró al edificio. Era un bloque de pisos y la Doctora Nelson vivía en el tercer piso.
Ella la recibió con una sonrisa y la llevó hasta una sala.
Luna se acomodó en un sillón blanco como la mujer le pidió, ella, en cambio, se sentó en una silla corriente.
-Luna, cuando me llamaste me preocupaste un poco con tanto misterio. Vamos, cuéntame.
Luna la miró a los ojos, estaba confusa, ¿era eso lo único que quería que hiciera? Porque lo había imaginado más difícil; preguntas abstractas y cosas por el estilo.
La historia en sí, se la había contado mil veces a ella misma y estaba segura de que ahora sonaría estúpida.
Al no obtener más preguntas de la doctora, con una fina voz, comenzó a contar.
-Es algo difícil de explicar-miró otra vez a la mujer.
-No importa.
Suspiró, masticó el chicle bien fuerte y dijo aquello que tanto le perturbaba.
-Veo…personas que no existen, bueno, en realidad sólo a una.
‘’Hace unos dos meses que esto empezó. Era viernes por la tarde, estaba recogiendo algunas flores por la orilla de un arroyo y escuché una voz muy familiar llamarme.
Gritó mi nombre al menos nueve veces hasta que me encontró. Era un chico, se llamaba Eric, él no me lo ha dicho, pero yo lo sé.
Tiene el pelo castaño, un poco de barba, los ojos azules y un tatuaje de un león en el brazo derecho, el cual ya había visto antes de ese día. No sé porqué sentí conocerlo.
Lo saludé, y le conté mis problemas ya que me inspiró confianza.
Cuando ya se hacía de noche, se apresuró a irse y yo sin más lo dejé.
No fue hasta que dejé de ver su cuerpo, que me di cuenta que no conocía a esa persona. Regresé a mi casa, me sentía angustiada y tenía miedo. Encendí todas las luces y cerré todas las puertas. Así me sentí más segura.
Una risa ya conocida resonó tras de mí, me giré y allí estaba él otra vez, lo abracé, fue estúpido porque es de Eric quien intentaba huir y…’’
Luna se calló, ya que la doctora se lo pidió. Le dijo que se fuera y no volviera, parecía enfadada, o asustada. No lo sé
Luna no quería volver a casa, allí se encontraría con Eric y junto a él se sentía muerta, mas volvió con la idea de combatir con él.
Condujo hasta su casa, cuando ya estaba llegando vio como dos personas hablaban tranquilamente en la puerta de su casa. Aunque un poco cambiado, una de ellas era Eric, y la otra, por muy imposible que fuera, era su madre.
Pero su madre había muerto, ella misma lo había visto. Se había ahogado en la playa y ella la vio desde la orilla. Su padre intentó rescatarla y acabó igual que ella.
Se frotó los ojos. No, la vista no le fallaba ella estaba allí conversando con su pesadilla, con Eric. Salió del coche, pero cuando se lo pensó mejor y quiso volver a este, Eric la llamaba y no se pudo negar, ya que cuando Eric estaba cerca, era otra persona.
Ahora no tenía miedo, se acercó y habló con ellos dos, hablaron sobre pájaros, a la madre de Luna le encantaban.
El sonido de un coche se escuchó, este apareció de detrás de un árbol y de él salió la Doctora Nelson. Aparentemente, Luna fue la única en verla ya que los otros dos ni la miraron. La mujer pasó de largo, y llamó a la puerta. Luna aunque quería, no podía llamarla.
Otro hombre, vestido de policía se bajó del coche y le dijo a la doctora:
-Ya te dije que la chica que vivía aquí murió hace ya tiempo.

Mª José Jiménez Domínguez (3º ESO A)

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