GANADORA PRIMER PREMIO PRIMER CICLO. CONCURSO RELATO CORTO IES HERRERA.

ESPERANDO EL CORREO

 

 

 

Mi yaya siempre me dice: ”Espera un momento, ¿es que no sabes esperar?”. No entiendo por qué debo esperar, ¡si no hace falta esperar! Tengo 12 años, mi yaya 80 y no comprendo cómo ha podido llegar a esa edad sin saber manejar Internet y….. ¡sin móvil!

 

Cuando estamos juntas suele regañarme: “¡Ponte derecha, por Dios esa espalda!”, “¿Pero de qué vas vestida?, ¿te ha visto tu madre?”, “¡No te comas las uñas que eres una señorita!”. Pero también suele contarme historias de su vida y de las personas que las vivieron con ella. Yo le cuento qué ha ocurrido hoy en clase, quién de mis amigas se ha enfadado y con quién, si hemos quedado para salir el sábado o si alguien se ha metido en algún lío. Nos reímos y seguimos parloteando toda la tarde.

 

Ayer estábamos hablando como siempre y se me ocurrió volver a preguntarle cómo conoció a mi yayo. Al principio no quería hablar mucho de ello, repetía lo que ya me había contado otras veces: que eran muy jóvenes, que él la piropeaba, que ella no estaba muy interesada, que él era muy persistente y que ella, no sabe cuándo ni cómo, dijo que sí. Yo insistí, insistí y volví a insistir: “¡Pero yaya cuéntame más! ¿Qué hacíais? ¿De qué hablabais?”. Entonces comenzó diciendo: “Tu yayo escribía largas cartas con una letra preciosa”.

 

“¿Cartas?”, pregunté. “Si, muchas cartas, aunque a mí siempre me parecieron pocas”, me contestó. En ese momento mi móvil comenzó a sonar, era mi whatsapp: mi amiga Celia estaba merendando.

 

“¿Qué escribía en las cartas?”, volví a preguntar. “Bueno, me contaba dónde estaba, a quién había conocido, cómo eran esos paisajes y esas personas, y cómo se sentía”. De nuevo me entró otro whatsapp: mi amigo Miguel estaba viendo la tele.

 

“Cuéntame algo de lo que te escribió en esas cartas”, le pedí. Ella se quedó un rato pensando y dijo: “Me gustaba cuando me describía todo lo que veía, oía o comía, así yo era capaz de saber cómo se sentía”. Un nuevo whatsapp: Celia había terminado de merendar.

 

“Yo no he viajado nunca”, siguió diciendo, “Sin embargo es como si hubiese estado allí con él, tu yayo escribía muy bien y con una letra preciosa, ¿te lo he dicho ya?”. “Si yaya, pero sigue contándome”. Otro whatsapp: ahora Celia estaba también viendo la tele.

 

Mi yaya me contaba que el correo tardaba mucho en llegar, y a veces ni llegaba. Pero ella esperaba siempre al cartero con gran ilusión, y él le sonreía desde lejos cuando le traía una nueva carta. “Las cartas de tu yayo eran largas y con una letra preciosa”, volvió a repetir. “Ya lo sé me lo has dicho. Pero, ¿no había que esperar mucho para que te llegaran? ¡Qué rollo!”, le contesté. ¡Vaya otro whatsapp!: Miguel está merendando.

 

Entonces desconecté el whatsapp. Mi yaya me acarició la cara y sonriendo me dijo: “Lo mejor era estar esperando el correo”.

Eugenia Moreno Lamadrid. 1º ESO A.

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