GANADORA 2º PREMIO DEL SEGUNDO CICLO. CONCURSO RELATO CORTO IES HERRERA

I

Todo comenzó aquella mañana con aquel corte en el suministro eléctrico, que dejó parada toda la cadena de montaje de las cánulas.

Las máquinas quedaron en silencio y los auriculares que llevábamos puestos, quedaron callados, eso me permitió oír unos ruidos diferentes a los que oíamos habitualmente. Mi sentido auditivo, percibió gente andando en la planta de arriba de donde nos encontrábamos. Todos creíamos que en  ese lugar sólo estaba el despacho de El Espurr, al que todos acudíamos cuando nos llamaba o cuando teníamos problemas.

Trabajábamos en esa planta de fabricación de cánulas muchas personas, la vista no alcanzaba a ver el fin. La lavandería y la cocina estaban al final. En el otro ala, estaban los dormitorios y los baños, también había un patio o zona de recreo. Allí salíamos a pasear en un lado los hombres y en el otro las mujeres.

Todas las paredes eran blancas y brillantes.

Nuestra ropa era blanca y todos vestíamos igual. Comíamos a la misma hora y el menú era el mismo para toda la semana. Todas las actividades eran realizadas a la misma hora todos los días y por todos.

No podíamos hablar entre nosotros y mucho menos con el sexo contrario. Sólo nos apareábamos ciertos días y con quién nos decían.

Veíamos la tele antes y después de la cena, por ella aprendíamos lo necesario para realizar nuestra tarea. La única novedad era el viernes, antes de cenar había un sorteo donde 5 personas salían elegidas para viajar a un planeta donde no había contaminación nuclear y podíamos vivir, o eso decían.

II

Toda esta sociedad comenzó, según los documentales, por una explosión nuclear. Las personas que sobrevivieron a ellas crearon esta especie de ¨Ecosistema humano¨ donde vivíamos aislados de las radiaciones nucleares. Nadie podía salir, no había ventanas que nos comunicaran con el exterior, no veíamos ni el Sol, ni las estrellas, ni la Luna.

Con las nuevas tecnologías, fabricábamos lo que necesitábamos. Cada sección tenía una especialidad. Éramos entrenados para estar allí, y allí moriríamos. Sólo el sorteo abría una luz en nuestras vidas monótonas, y una esperanza de salir de allí.

III

El principio de mi vida o lo que recordaba de ella, eran unas imágenes y unos sonidos, por ellas aprendíamos a hablar, escribir y leer, aprendíamos las normas de esta comunidad y a respetarlas. No podíamos tener pensamientos libres (bueno esto lo deduje mucho después).

Una vez que aprendíamos lo que he dicho, nos ponían una pulsera con nuestro nombre y con los años que teníamos. Nos llevaban a una habitación. Allí sólo sentíamos una pequeña aguja… Cuando despertábamos teníamos una pequeña cicatriz debajo de la pulsera.

Mi pulsera decía que me llamaba Kaz, que tenía 30 años, que estaba destinado a la sección de cánulas y que mi compañero era Roy. No conocía las superficies del recinto, ni las personas que nos hallábamos dentro de él.

Cuando pensábamos algo que no estaba permitido, Espurr nos hacía llamar mediante unas señales nerviosas, que nos encaminaban a una silla, situada en la planta de arriba…

De allí salíamos más felices y con una nueva cicatriz debajo de la pulsera identificativa.

 

 

IV

No sé por qué se producían tantos cortocircuitos, uno de ellos me cogió en la silla de Espurr, esto hizo que la anestesia no fuera tan efectiva y que viera todo lo que me hacían. Cuando salí de la habitación, fui al cuarto de baño y me deshice del microchips que habían introducido en mi muñeca.

Esto me daría un margen para conocer el sitio donde estaba y para aprender a pensar por mí mismo sin que nadie escuchara mis ideas e inquietudes.

Mi mente se abrió, las paredes ya no parecían tan blancas, las pocas palabras que cruzaba con mi compañero (al que antes veía interesante), se convirtieron en momentos aburridos, no se preguntaba nada, sólo pensaba en el sorteo del viernes. Por cierto: eso del sorteo, del planeta, de la contaminación… me daba cada vez más que pensar.

Me di cuenta de que siempre hacíamos lo mismo, todo era impersonal y frío. Todos estos pensamientos eran nuevos para mí. No dormía bien, mi habitación me resultaba insoportable. Una noche me aventuré a salir de ella, llegué hasta el final del pasillo, todo estaba en silencio, sólo se escuchaba ruido en la planta de arriba. Volví hacia mi habitación, me metí en la cama, pero no podía dormir, mi mente estaba trazando un plan. Debía tener cuidado y por supuesto, no podía dejar pistas ni contar nada a nadie.

V

Después  de un mes logré subir a la planta de arriba, nadie sospechaba nada. Tenía miedo, pero mi ansia de descubrir me impulsaba. Había una habitación cerrada y en frente, el despacho de Espurr, su puerta estaba entreabierta. Pude ver a un hombre desconocido hablando con él, la habitación estaba oscura, me escondí y comencé a escuchar su bajo tono de voz:

-Mañana viene- dijo el desconocido.

-Ha hecho el ingreso- contestó Espurr.

-¡Sí!

-¿Se le ha avisado del riesgo?

-Por supuesto, y ha firmado toda la documentación.

-¿Quiere un trasplante o una réplica suya?

-No sé, eso ya te lo dejo a ti.

-Necesitamos el generador, el que tenemos está fallando. ¡No podemos perder el control!

-¿Cómo va la sección embrionaria?

-Marchando.

-Y el sorteo, ¿está preparado? Necesitamos a los 5 elegidos.

-Todo está listo.

Mi cabeza daba vueltas, estaba desconcertado y abrumado. Seguí escondido y me desmayé, cuando desperté, la puerta que estaba cerrada, apareció abierta, el desconocido estaba manipulando una especie de artefacto y entrando y saliendo todo el rato. Estaban guardando información en el ordenador central, y de pronto, vi cómo salían seres vestidos de una manera rara, árboles, coches y lugares desconocidos para mí.

-Este es el primero, quiere un trasplante de hígado, ¡se ha pasado con la bebida!

Fueron diciendo uno a uno hasta llegar a otroque tenía la misma cara que Roy. No lo podía creer, no esperé al siguiente y mi cuerpo no paraba de temblar, en el regreso a mi habitación tropecé en varias ocasiones.

 

VI

Allí estaba, sentado en la cama a oscuras con los indicios de una gran verdad, que pesaba sobre mis espaldas y me daba un aspecto de preocupación. Tenía que disimular, esto no era nada bueno.

¿Qué podía hacer? ¿Qué pasaría con Ray? ¿Quién era esa especie de doble?

Mis pensamientos se vieron sobrecogidos cuando sonó la sirena de la mañana, era la llamada al cuarto de baño y al cambio de ropa. El paseo era aburrido y largo, íbamos escuchando el mensaje en el que Espurr comunicaba el inicio de un nuevo día, y que quedaba un día para el sorteo y…

Todos iban con cara de sueño, pero eran felices, mi cara de preocupación sobresalía sobre las demás.

A eso de media mañana una señal nerviosa llegó a mi cerebro, era Espurr, me reclamaba en su despacho. Antes de acudir a mi cita, intenté contarle a mi compañero todo lo sucedido, era como hablar con la pared, sólo pensaba en el sorteo.

Ascendí a la segunda planta y entré en el despacho, él estaba allí. La cara siniestra y calculadora de la noche anterior había desaparecido, no sospechaba nada, pensé.

-¡Buenos días, Espurr!

-Siéntate, últimamente estamos percibiendo que tus ondas Omega del cerebro tienen unos picos bastante raros, esto nos hace pensar que necesitas de nuevo otra pequeña incisión bajo tu pulsera.

-Me encuentro bien.

-Pero podrías estar mejor, ¿para qué quieres preocupaciones? En las sociedades perfectas como esta, todos somos felices.

Callé y recordé lo que había oído la noche anterior

-Siéntate en la silla, por favor.

Me senté, me amarró… Cuando iba a introducir el microchip, hubo otro cortocircuito y el generador empezó a fallar…

 

REFLEXIÓN:

Esta historia puede tener dos finales:

Uno feliz donde Kaz escapa y afronta su destino, aprendiendo poco a poco y con esfuerzo a vivir en nuestra sociedad imperfecta y llena de problemas y fallos, donde oír las noticias diarias supone la caída de una losa sobre nuestro cuerpo, pero tiene como premio el libre pensamiento y elección de las decisiones. Si elige este camino tal vez  puede encontrar a su doble y de propia voluntad cederle el órgano que necesite para seguir viviendo, conocerse, y poder llegar a ser amigos, e incluso como hermanos.

Uno esperado, el cómodo, el que sigue la inercia que nos lleva a seguir haciendo lo que ellos intentan que hagamos.

Nuestros pasillos están llenos de ropa distinta, podemos hablar y pensar por nuestra cuenta, pero si indagamos más de lo permitido en algunos asuntos, nos reconducen y nos manipulan, hasta llegar a un destino donde nos imponen formas de comportamiento.

Esta medio historia es una especie de metáfora de nuestra sociedad y con ella he querido hacer un canto a la LIBERTAD Y AL ESFUERZO QUE ELLA SUPONE.

Soledad Rodríguez Raya (3º ESO A)

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