«El espíritu de la escalera»

Comentario: «A ver qué os parece»

El espíritu de la escalera

La primera vez que oí decir que literatura y venganza se hallaban estrechamente relacionadas fue en Antibes, hace muchos años, en una taberna del viejo puerto. A altas horas de la noche, alguien comparó a la totalidad de la literatura con una «inmensa venganza del esprit de l’escalier». No entendí nada, pero retuve con fuerza la extraña comparación y también aquella enigmática expresión francesa: «el espíritu de la escalera». Muchas veces, en la confianza de que un día podré descifrarlas, he memorizado frases que de entrada me parecían ininteligibles. El tiempo ha terminado siempre acudiendo en mi auxilio, aunque en el caso del «espíritu de la escalera» lo hizo con parsimonia, pues tuve que esperar décadas. No volví a encontrarme con aquella misteriosa expresión hasta el año pasado en Bogotá cuando fui a ver qué decían César Aira y Juan Gabriel Vásquez en un coloquio titulado La venganza en la literatura. Habló Aira allí de pronto de l’esprit de l’escalier y explicó que para los franceses significaba encontrar demasiado tarde la réplica: pasar por ese momento en el que encuentras la respuesta, pero esta ya no te sirve, porque estás ya bajando la escalera y la réplica ingeniosa deberías haberla dado antes, cuando estabas arriba.

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Responde a «Isaac Páez» (isaacsimlibros@gmail.com)

2 comentarios en “«El espíritu de la escalera»

  1. Me parece muy interesante todo el artículo, desde el principio en el que el autor habla acerca del significado de la expresión y no digamos la conexión que hace entre dicha expresión y la literatura. Ciertamente el título del artículo responde a una expresión francesa que acuñó Diderot, un gran ilustrado francés. Diderot junto con D’Alembert escribieron la obra cumbre de la Ilustración francesa: “La Enciclopedia”.
    El “espíritu de la escalera” describe el acto de pensar en una respuesta ingeniosa cuando es demasiado tarde para darla. Se refiere a esas cosas tan inteligentes que uno diría pero que sólo se le ocurren cuando ya te marchas. Después viene lo peor y es la sensación de pesar, inquietud, pregunta, duda y arrepentimiento de no haber tenido el ingenio suficiente para replicar. Realmente es genial no sentir todo ese cúmulo de sensaciones de pesadumbre y te sientes fenomenal cuando has tenido la claridad y lucidez del que todavía no ha empezado a bajar la escalera. No sé si Diderot sufrió estas sensaciones muchas veces en su vida, pero cuesta creerlo. Este culto hombre y otros muchos, representaron a un movimiento intelectual y cultural, llamado Ilustración. Este movimiento arrojó luz al mundo a partir de finales del siglo XVIII, y desde lo más alto de la tribuna, y sin mirar ni siquiera las escaleras, supieron darle respuesta a un mundo hasta entonces basado en las supersticiones, supercherías y el oscurantismo, utilizando una sola arma, la razón.
    La literatura al ser el arte que utiliza como instrumento la palabra, puede crear personajes que den una respuesta enérgica e ingeniosa a cualquier dicho o acción impertinente. El autor crea partiendo, por un lado de una realidad objetiva y por otro de su propia individualidad, con todos sus logros y sus frustraciones y es capaz de plasmarlo en personajes, algunos de ellos tan divinos, que son capaces de alcanzar el resultado buscado o esperado y que cumplen las esperanzas, las ilusiones y los deseos y por supuesto saben dar la perfecta respuesta en el momento perfecto, cuando todavía no se ha empezado a bajar las escaleras.

    Belén Romero Pérez

  2. Creo que todos en mayor o menor medida hemos tenido la desagradable sensación de no haber estado a la altura de las circunstancias frente a un agravio, un ataque, un desafío o un simple comentario en el que pueda verse involucrada nuestra dignidad. Me parece interesantísima esta figura, que, no por haberla acuñado Diderot con esa expresión, se le pueda atribuir.
    Tan es así que antes incluso que los sofistas, la preocupación por dar respuestas ágiles y acidificadas en los debates era permanente. De cualquier manera, y por experiencia propia, esa «escalera» que no te permite movimientos en el tiempo, y que te deja un malestar por no haber tenido el reflejo verbal necesario, en ocasiones te salva el puesto de trabajo, la relación sentimental o incluso la dentadura, y es que …a veces es necesario contar hasta diez antes de dar una respuesta, que por pertinente incluso idónea, podría condenarte. Por ello, quiero pensar que el espíritu de la escalera es un lamento, un autoreproche por la falta de oportunidad o ingenio en tiempo real, pero …así se las pondrían a Felipe II.

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